domingo, 22 de noviembre de 2009
Desde que no nos vemos (Enrique Urquijo y Los Problemas)
No es norma de esta página introducir dos vídeos musicales seguidos, pero en esta ocasión la circunstancia está más que justificada.
Esta semana que agoniza nos trajo la efeméride del décimo aniversario del fallecimiento de Enrique Urquijo. Con Los Secretos patentó un estilo intransferible que encadenó a la perfección amor, desazón y embriaguez, aunque yo, por razones de edad, lo recuerdo más liderando Los Problemas.
Sirva la canción linkada de modesto homenaje, junto al acopio de un par de emotivos textos encontrados en ABC:
Enrique Urquijo: en un rincón del alma (Manuel de la Fuente): http://www.abc.es/20091117/cultura-musica/enrique-urquijo-rincon-alma-200911162005.html
El milagro de una canción (Carlos Marzal): http://www.abc.es/20091117/opinion-firmas/milagro-cancion-20091117.html
martes, 17 de noviembre de 2009
Las siete menos cuarto (Los Pistones)
Largas tardes de pubertad buscando recopilatorios ochenteros para grabarme mis propias selecciones y recrear el sucedáneo de un tiempo que imaginaba mejor para la juventud que el que me tocó vivir.
Como tantas tardes, te olvidaste de llamarme...
Tan jóvenes y tan viejos.
sábado, 7 de noviembre de 2009
Me sustraen mi ABC!
El deceso del gran actor José Luis López Vázquez me trae a la memoria la genial escena de Torrente II en la que el indignado e histriónico hombrecillo al que interpreta recurre al Brazo Tonto de la Ley para descubrir a los vándalos que ultrajan el jardín de su residencia.
Aunque dominaba muchos más registros, José Luis López Vázquez destacó en su plasmación de personajes avinagrados, naftalinizados y burguesmente decentes, productos de una época a caballo entre los valores del nacional-catolicismo y las ínfulas de la tecnocracia.
Ese Valle-Inclán del audiovisual moderno que, heréticamente, considero a Santiago Segura sabe bien que un esperpento que resulte creíble para la working class requiere roles castizos, estereotipos germinados auténticamente a pie de calle. Sólo los actores de raza y con las tablas que únicamente la vida confiere pueden encarnar ese chusquerismo social, mínimo común múltiplo en todos los estratos sociales de las masas en rebeldía que preconizó Ortega y Gasset. Si Segura acertó recuperando a Tony Leblanc, tampoco falló con nombres como Gabino Diego o Antonio de la Torre.
Decía Enrique San Francisco que sin una existencia mínimamente agitada y emotiva uno podía correr el riesgo de empuñar una pistola en escena como el que blande un juguete.
El alter ego de José Luis López Vázquez se irritaba especialmente ante el policía José Luis Torrente (esa chusma ya no pertenece al cuerpo, solían contestar malhumorados los agentes del orden oficiales) porque los profanadores de su jardín particular se cebaban con él sacrílegamente hurtándole su ABC.
"La información objetiva es fundamental", respondía el policía colchonero.
Esta irónica escena me sirve de nexo para plantearme cómo se han instalado en la mente del populacho determinados estereotipos como los anteriormente reseñados.
Nunca la transgresión social resultó tan barata y relajante como hojear el ABC distribuido gratuitamente en la Escuela Oficial de Idiomas en el vagón del metro y sentir las miradas penetrantemente prejuiciosas de los compañeros de viaje.
Con lo cómodo que resulta leer un diario con grapas.
No te hacen sentir como si financiaras determinado vuelo del Dragon Rapide sino que te permiten más bien adoptar una pose aristocrática, al estilo de un incomodador Álvarez-Solís con bastón.
Gajes del maniqueísmo bienpensante en el que se haya instalada nuestra joven y corrupta democracia.
Y lo dice uno que prefiere de largo, retomando la necrológica, las españoladas al españolismo.
sábado, 24 de octubre de 2009
Atribulados

Parte del país (con minúsculas, al otro le preocupan los litigios acerca del fútbol televisado) se solivianta por la aparición pública de las hijas de Zapatero, ataviadas al estilo siniestro-gótico, en una foto protocolaria de presidentes de Estado y primeras damas.
Como ya se ha escrito suficiente sobre la inconveniencia de la instantánea a efectos formales y respecto a cuestiones morales derivadas del atuendo de las féminas no profundizaré en estos aspectos, ya que considero que tampoco voy a aportar nada nuevo a estas alturas de la corrida.
Sin embargo, todo el debate generado da pie a vislumbrar la ignorancia con la que la opinión publicada analiza el fenómeno de las tribus urbanas en España. Nada que ver con la literatura que produce Gran Bretaña sobre esta compleja realidad, con estudios profundos y sistemáticos sobre el punk, los hooligans y su subcultura casual o los mods. Por estos lares la bibliografía, salvo honrosas excepciones, se limita al sensacionalismo a caballo entre Temas de Hoy y su correlato audiovisual de El Mundo Televisión. No en vano, la juventud inglesa fue la primera en moldear estéticamente su tiempo de ocio, allá por los sesenta del siglo pasado, cuando a la generación de la explosión juvenil le sonaban lejanas las penurias relativas a la II Guerra Mundial que les contaban los carcas de sus padres. Como era de esperar, en España se aplazó (y deformó) la recepción de todas estas tendencias estéticas. Mientras allende el Atlántico llegaba el aire fresco de la superación de una postguerra mundial en la piel de toro la conflagración doméstica dejó casi 40 años de lastre y demonios familiares.
La interpretación de las subculturas urbanas por parte de la generación de nuestros padres es heredera de la adormilada realidad de los 25 años de Paz. Resulta evidente que se hacen un tremendo lío con estas cuestiones y que lo que más les llama la atención son las vertientes más estéticas y superficiales.
En eso no difieren gran cosa de los jóvenes.
Para colmo, los popes de las editoriales generalistas y de consumo de masas añaden más confusión a este enmarañado embrollo. Es el caso del libro La edad del pavo, de Alejandra Vallejo-Nágera, que mi madre debió de adquirir en algún momento de suma desorientación en lo relativo a mis desajustes hormonales o los de mi hermano. Leí sorprendido en el apartado dedicado a las tribus urbanas que los ingleses que realizaban actos vandálicos en los estadios de fútbol y alrededores se denominaban hooligers, que los mods escuchaban con fruición Depeche Mode o que los SHARP eran los skins racistas.
Por desgracia, los sociólogos tampoco han aportado la luz necesaria a este proceloso e intrincado ámbito para ellos. Sin plantearse ni de lejos la posición de observador-participante (esta figura la suele impostar algún proyecto de vocacional periodista de guerra al que envían provisto de una cámara oculta a los mataderos más diversos) han ventilado sus análisis sobre las subculturas juveniles remitiéndose a un cóctel de teorías de cariz antropológico y sublimaciones freudianas. Para escribir un capítulo introductorio resulta aceptable, pero la tozudez de la realidad exige mayor rigor y acercamiento al objeto de estudio. Y menos prejucicios. Naturalmente, no se puede hablar con propiedad de rockers sin asistir a sus conciertos, de ultras sin pasar por las gradas de animación ni de bakalas sin un poco de convivencia con ellos en las discotecas y parkings adyacentes. Una sociedad acrítica por definición y prisionera del culto a la imagen característico de la videocracia imperante hace el resto y como resultado obtenemos una muestra difusa de artículos a vuelapluma de periodistas sabelotodo, eclécticos dossieres de urgencia y mínimo rigor y amarillistas reportajes audiovisuales para epatar al burgués, es decir, a ese telespectador al que se presume como ideológicamente decente desde posiciones conservadoras.
No obstante, existe la posibilidad de eludir este marasmo y acaparar algunos conocimientos válidos sobre la materia. Sin ir más lejos, se puede recurrir al ameno e introductorio libro El ritmo de los tribus de Pepe Colubi. Y de paso, comenzar a reflexionar sobre este fenómeno concediéndole un papel de correlato a la evolución de las tendencias musicales de la juventud.
Una buena manera de empezar a vestirse por los pies.
sábado, 10 de octubre de 2009
Nascut el 9 d´octubre

“Va ser fa molts anys. Hui encara escolte les seues veus ressonant pels carrers. Estaven Joan, Adrián, Carles, Manuel i eixe xic que vivia al cantó de la plaça... sí, crec que li deien Alejandro. El meu millor amic era Jorge. Convertíem el barri en un camp de batalla i somiàvem que algun dia seríem homes...”
La mare va cridar Roc Gomis mentre jugava a la pilota amb els xiquets del seu carrer.
Per televisió parlava un home grandot, excessiu en els gestos, en la seua retòrica; en general, excessiu en tots els sentits. El públic de la plaça de bous aplaudia sense reserves i onejava les seues senyeres.
“Anit tinguí un somni, tu parlaves a la multitud i deies grans coses, com ell”, va dir la mare.
Mentre els amics definien els seus somnis, Roc Gomis ja s´havia decidit. En ell començava a brollar una espècie de consciència identitària, encara que no massa perfilada encara.
Ell tenia una cosa clara, volia ser el més valencià.
Així que, amb molta desinformació i la mateixa dosi d´ànim i convicció, prengué part en solitari en una Batalla per la puresa valenciana. Ni els seus pares ni els seues iaios havien participat en eixa Batalla de Valéncia, però ell anhelava victòries i neutralitzar els dissidents.
Que li digueren català era el pitjor insult que podia escoltar.
Ni ell ni els seus amics el suportaven, eixe malson havia d´acabar.
Per què això ens passava a nosaltres i no a altres pobles? Què havíem fet els valencians per a merèixer eixa maledicció?
Prompte Roc Gomis s´adonà que havien altres persones que volien lluitar contra eixe mateix problema que no el deixava descansar en pau. Ell ja els coneixia i coincidia amb ells no només en la seua visió sobre els catalanistes, també els considerava normals i la seua valencianitat no trobava obstacles amb eixe ens superior al qual s´ofrenaven noves i velles glòries.
Però arribaren les primeres ferides i sorgiren els dubtes. Esta Batalla no era debades i tenia conseqüències. Això no funcionava com l´havia pintat el germà major.
Traïcions, discussions, apatia, abandonaments... ni heroïcitats ni agraïment popular, més bé estigma asocial.
Dins del seu escamot havia molts agents dobles, per a ells ser valencià era una qüestió secundària, al cap i a la fi els pagava un exèrcit més gran. D´altra banda, els tancs no acabaven d´aparèixer per Vinaròs i les escaramusses es reservaven per a contenir una irregular milícia local, estrangeritzada a ulls de la societat i nodridora simultània d´un conflicte que agenollava la valencianitat des de Ponent i Tramuntana.
Així que Roc Gomis decidí passar a la reserva, llepar-se les ferides de la Batalla reflexionant alhora i fruir d´una vida de temptacions i hedonisme, lluny de les confusions d´una conjuntura que el seu cervell contemplava com un autèntic atzucac i fingint una certa distància amagada en una pregunta que tornava de tant en tant al seu cap: serà possible definir-se com a valencià sense implicar-se en un conflicte?
El temps lliure li serví per a vore les coses amb una perspectiva més ampla. Per les seues lectures va poder comprovar que tampoc érem un poble maleït. Estes disquisicions es repetien en altres nacions situades a molts quilòmetres de la nostra.
La seua voluntària retirada va ser aprofitada per l´exigua milícia dels invasors aborígens. Amb una retòrica molt ben treballada tractaren de seduir-lo amb un missatge de canvi i unió. Però una cosa no acabava de quallar. Un dels seus líders solia dir que un nacionalisme es defineix per oposició a altre nacionalisme. Curiosament, els emissaris del gran tòtem no tenien clar quina era la seua nació (o manifestaven compatibilitzar dues, igual que els antics companys de lluita espanyolistes) i això no va convèncer Roc Gomis, que seguia sentint-se únicament valencià, encara que ara sí, ja d´una manera més crítica i raonada. Eixe nou esperit, allunyat del dogmatisme i de la violència estructural va ser el que el va fer escoltar els arguments d´uns emissaris que, representaven el vessant més evolucionat d´eixa milícia que començava a eixir de les seues catacumbes però que tampoc oblidava ni les ferides patides a la Batalla ni als seus caiguts en combat.
Roc Gomis no els va fer cas, el seu missatge no el semblava bo per a València, però pensà que podrien ser útils quan tingueren les coses clares perquè no els mancaven ni algunes idees vàlides ni ganes. Això sí, des de la seua Unió d´Ex Combatents, i amb unes ínfules de pírrica victòria, no deixaven de retreure´ls que la Federació estava per damunt de tot i que no es podia oblidar ni el seu projecte ni els que havien lluitat per ella.
Passaren els anys i el nostre protagonista assolí la maduresa. El valencianisme seguia representant una qüestió rellevant per a ell, però no per damunt dels seus interessos personals i tampoc com un aspecte separador de les seus relacions vitals. De fet, els seus cercles d´amistats abastaven tots els sectors ideològics, cosa de la qual s´enorgullia.
La Batalla quedava ja molt lluny per a ell i aprengué a estimar València sense pensar en determinismes i acceptant totes les seues contradiccions com allò que ens ha fet diferents com a poble.
Al cap i a la fi, s´havia fet realitat el somni de la mare, ell parlava davant una multitud agermanada per la creença en una Nació Valenciana lliure i sobirana i que onejava orgullosament senyeres i estrelades tricolors.
Ara sí, era com si tots haguérem tornat a casa.
lunes, 7 de septiembre de 2009
El Marx tardío y la vía rusa

La estructura de este libro contiene diferentes materiales y extractos de escritos que nos ayudan a entender las reflexiones de Marx sobre la Rusia rural y su futurible y particular vía revolucionaria.
El meollo del interés de la obra se encuentra en los últimos años de vida de Marx, en los que se produjo una creciente interdependencia entre sus análisis, las realidades de Rusia y el movimiento revolucionario ruso. Antes de ello, dominaba entre los doctrinarios marxistas el seguimiento casi incondicional de la visión sistemática, dialéctica y materialista de la sucesión de estadios que las sociedades mundiales experimentaban en su tránsito hacia el comunismo, con la “lucha de clases” como motor de la historia. Este guión determinista y unilineal estaba reñido con la heterogeneidad de las sociedades estudiadas por Marx, que ya en 1853 se percató de que existían formaciones sociales cuya evolución se caracterizaba por resultar más estática y no ceñirse a las pautas del modelo unilineal.
Entre estas sociedades “ahistóricas”, relacionadas con el concepto de Despotismo Oriental, se encontraba Rusia, a la que Marx definió como semi-asiática. Junto a algunas características medioambientales, estas sociedades destacaban por la primacía del ámbito rural en su organización social.
Una serie de acontecimientos influyeron en que Marx incidiera importantemente en estos objetos de estudio en su última etapa vital sin necesidad de pasar por encima de sus planteamientos expuestos en el primer volumen de El Capital. En primer lugar, prestó atención a la experiencia revolucionaria de la Comuna de París en 1871, también consideró como enriquecedor el descubrimiento de la prehistoria y la ampliación de su conocimiento sobre las sociedades rurales no capitalistas entrampadas en un mundo capitalista y, a modo de síntesis entre lo anterior, comenzó a surgir su creciente interés por las comunas rurales rusas y la posibilidad de que engendraran una experiencia revolucionaria directa en base a la teoría y la práctica del populismo revolucionario ruso.
Lo dicho anteriormente explica que desde la década de 1870 Marx empezara a centrarse en la vía revolucionaria rusa hasta el punto de acabar rechazando las “teorizaciones suprahistóricas” y evolucionistas de sus escritos en relación a Rusia.
Los potenciales aliados que se retroalimentaron en Rusia de las aportaciones marxianas fueron los populistas. Podemos concretar esta vaga etiqueta definitoria resaltando que el populismo constituye la principal tradición autóctona revolucionaria rusa y que sus partidarios creían en que el atraso diferencial de Rusia respecto a otras sociedades europeas podía ser una ventaja de cara a librar una revolución basada en una guerra de clases que permitiese a Rusia alcanzar un orden más justo sin necesidad de “superar el estadio” del capitalismo. Este movimiento se escindió en diferentes ramas según sus diferentes evoluciones políticas, pero fue el sector representado por el partido Voluntad del Pueblo el que acaparó las simpatías y apoyos de Marx.
Si todavía en 1868 Marx se mostraba escéptico e incluso contrariado al respecto de la relevancia de las comunas rurales en escenarios revolucionarios, en la siguiente década va a comenzar a tenerlas en cuenta por su democracia inherente y opuesta a la alienación capitalista y las jerarquías de privilegios. Surgen en estos momentos dos posibles vías de desarrollo de la realidad de estos medios, la que aboga por su devenir materialista, constatando que es cuestión de tiempo que el capitalismo provoque su decadencia y la que apuesta por instrumentalizarlos como “vehículo de regeneración social”. Marx se encontraba desde entonces más cercano a esta segunda idea y a la aceptación de una multiplicidad de vías de transformación social dentro del marco mundial de influencias mutuas y diferenciales relacionadas con la noción de “desarrollo desigual”.
De todas formas, y contrariamente a ciertas revisiones y opiniones sobre la obra de Marx, no es sostenible la afirmación de la existencia de una “ruptura epistemológica” en el pensamiento marxiano. Este error de percepción es habitual entre las interpretaciones ortodoxas del marxismo como ciencia determinista y deificada y se puede observar en las teorías de muchos de los que históricamente se han identificado como marxistas.
Sin embargo, podemos resumir estas transformaciones en sus ideas constatando que significaban su anticipación de las futuras historias de las sociedades como necesariamente desiguales, interdependientes y multilineales en sentido “estructural”; la consiguiente inadecuación del modelo unilineal “progresivo” para el análisis histórico, así como para los juicios políticos concernientes a la mejor forma en la que puede promoverse la causa socialista; los primeros pasos hacia la consideración de la especificidad de las sociedades que hoy llamamos “sociedades en desarrollo”, y, dentro del contexto temporal en que se fueron gestando, una reevaluación del lugar del campesinado y su organización social en los futuros procesos revolucionarios; un paso preliminar para una nueva consideración de las coaliciones de las clases gobernantes y el rol del Estado en las “sociedades en desarrollo”, y una nueva importancia otorgada al poder socio-político de descentralización dentro de la sociedad post-revolucionaria, en la cual el rejuvenecimiento de las comunidades “arcaicas” puede jugar un rol importante.
En el texto, el autor se remonta a materiales diversos y dispersos para escrutar las variaciones que se van gestando en las teorías de Marx. Esto no resulta fácil, ya que en el ocaso de su vida la producción intelectual de Marx se basó más en la escritura de anotaciones y en el intercambio epistolar que en la publicación de obras. Ello dificulta el análisis de sus ideas en aquellos tiempos, pero sirve también para entender la incomprensión que suscitaron algunas de ellas en los que se reclamaban herederos de sus teorías. Por ejemplo, Haruki Wada nos muestra el impacto que la impresión de que sería posible que Rusia saltara directamente de la propiedad comunal de la tierra al socialismo que manifestaba Chernyshevski causó en Marx.
El filósofo alemán enriqueció su peculio intelectual tanto a partir de las aportaciones que creyó oportunas como de los hechos que la coyuntura ponía sobre el tapete, como demuestra su excitación ante la posibilidad de que la derrota rusa en la guerra con Turquía de 1877 pudiera desencadenar una revolución en Rusia y después en toda Europa.
La intervención en la obra de Derek Sayer y Phillip Corrigan nos sirve también como inciso para recordarnos que en el marco de la complejidad de la cosmovisión marxiana también estaba establecida desde los inicios de sus teorizaciones la comprensión de una “estructura específica del capitalismo atrasado”, aplicable a Rusia y concretada en adelante por su disposición a aprender más de este caso singular. Por ejemplo, su estudio de las formas de la propiedad en Rusia y sus alabanzas a la organización alternativa que supuso la Comuna de París le servirán para oponer en Rusia la comuna rural, por medio de la cual el trabajo podía promover su propia emancipación, a la centralización del Estado en el desarrollo capitalista.
Entre los documentos que testimonian la interacción entre Marx y los populistas rusos, destacan sobremanera las cartas que se enviaron Marx y la activista revolucionaria Zasulich, que quiso que el creador del materialismo histórico orientara a los revolucionarios rusos sobre la vía a seguir para conseguir sus objetivos teniendo en cuenta la vital importancia que el ámbito de la comuna rural iba a representar en sus acciones futuras. La respuesta de Marx fue escueta y clarificadora, aunque el descubrimiento de borradores más extensos y trabajados denota que era un tema que le interesaba tanto que había llegado a documentarse exhaustivamente sobre el mismo con el fin de poder emitir juicios formados acerca de él. Marx contestó a Zasulich aclarándole que el análisis de El Capital no aportaba ninguna razón que pudiera ser utilizada en pro o en contra de la vitalidad de la comuna rusa y que estaba convencido de que ésta era el punto de apoyo para la regeneración social de Rusia, siempre que se le mantuviera libre de las amenazas capitalistas que tendieran a desnaturalizarla.
Esta evolución de las ideas marxianas que ya hemos glosado durante este texto en varias ocasiones se plasmó también en el prefacio a la segunda edición del Manifiesto Comunista, en la que abogaba por la vía rusa como señal para la revolución proletaria en Occidente.
Como complemento al intenso análisis que la obra va describiendo de las impresiones sobre Rusia del Marx tardío, se insertan en su contenido unas notas biográficas de Marx y un breve repaso a las trayectorias personales protagonistas de la tradición revolucionaria rusa coetánea a Marx, firmados por Derek Sayer y Jonathan Sanders, respectivamente.
A continuación, se incluyen también algunas reflexiones sobre el feed-back existente entre el populismo revolucionario ruso de la segunda mitad del siglo XIX y las inquietudes de Marx, acompañadas de textos que apoyan esta relación de enriquecimiento intelectual. De particular interés son los escritos de Chernyshevski que tanto concitaron la atención de Marx. También se citan algunos documentos programáticos y epistolares de la Voluntad del Pueblo, partido populista ruso con el que simpatizaba Marx.
Todo este material que aparece en el libro ayuda a Shanin a sacar algunas conclusiones finales sobre la relación entre las ideas del Marx tardío y la vía revolucionaria rusa. En primer lugar, al autor desecha, por pura lógica, la infalibilidad del marxismo y de sus interpretaciones más dogmáticas como ciencia de la sociedad. En cambio, piensa que las teorías que en el libro se relatan son un ejemplo de la síntesis entre las tradiciones revolucionarias vernáculas y la concepción científica del materialismo histórico. Es decir, una superación crítica del determinismo asociado al marxismo que aleja al ideario resultante de la utopía por su mayor cercanía a la realidad que se estudia.
Mediante estas reflexiones, Shanin define a Marx como un individuo capaz de adoptar y desarrollar nuevas ideas (en este caso sobre Rusia), enriqueciendo sus propios análisis con los de otros y criticándose a sí mismo siempre.
Sin duda, es una calificación que concuerda con el motto favorito del filósofo: de omnibus dubitandum.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Yoyes

Una película muy recomendable para los que seguimos con interés los avatares relativos a conflictos nacionales, terrorismo y demás circunstancias colaterales.
La cinta nos muestra la evolución personal de Dolores González Katarain "Yoyes" a partir de su militancia en ETA durante los años setenta y su posterior exilio en México.
Su regreso a Hegoalde se enmarca en la polémica suscitada en el entorno de ETA por la influencia que puede tener para los intereses de la organización su acogida a las medidas de reinserción ofrecidas por el gobierno español.
El final de la trama es conocido por todos y desemboca en una dramática ejecución durante la celebración de las fiestas de Ordizia.
Paralelamente a la descripción del contexto político que envuelve la acción destacan las nuevas prioridades que se van estableciendo paulatinamente en la vida de la protagonista y que entroncan con una dimensión más íntima que le aleja de la primera línea del frente nacionalista e involuntariamente le enfrenta con ella. Esta metamorfosis está encarnada por una Ana Torrent cuya expresividad no se ha resentido un ápice desde El Espíritu de la Colmena.
En resumen, una historia real que muestra la tensión entre el plano individual y los sujetos colectivos en el marco de los nacionalismos. Si la trama no resultara tan real como destructiva, podríamos espetar que lo antedicho resalta la gran asignatura suspendida del Romanticismo. En la posibilidad de contrastar el visionado de la película con el repaso de la coyuntura política y el universo de costumbres en los que se ha cultivado durante décadas el nacionalismo vasco (tradicional y heterodoxo) reside la auténtica virtud del metraje.
Una buena razón para reflexionar y aprender más sobre uno de esos temas respecto al que tanta gente se permite pontificar sin haber recurrido a fuentes fehacientes.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)